miércoles, 15 de junio de 2011

RAFAEL FERNANDO NAVARRO.

…OS DAMOS UN ABRAZO

Muchos llevamos todavía olor a pólvora en el alma. Se nos pegó a los cristales de la vida y nos hizo hombres oscuros como la sangre negra de tantos, tantos muertos. Eran grises entonces. Disparaban al aire decían los periódicos. Pero siempre moría un estudiante, un obrero. Como palomas blancas por Gran Vía, Avenida José Antonio hacia Alcalá. Grises los caballos con grupas de Lorca vivo. Terminaba proclamando la victoria el Ministro de Información y Turismo, el de la Gobernación, el de la Guerra: ayer la policía disolvió una manifestación comunista que profería gritos contra nuestro insigne Caudillo. No contaban los muertos. Obreros o estudiantes. Cada uno a su cuneta, al olvido, al recuerdo silencioso y silenciado.

Había mucha gente de orden. Casa y trabajo. Misa de doce. Separados hombres y mujeres. Cigarrillo y paseo con barquillos para los niños-pantalón-corto-faldita-larga. La gente de orden aplaudía el castigo policial. No podía permitirse que alguien dudara de la grandeza de quien ganó la cruzada nacional. Nunca aquellos comunistas tendrían cabida en la España grande y libre.

Qué miedo daban las gentes de orden. También eran grises, oscuros, como la sangre negra de tantos, tantos muertos. Tristes como una saeta. Amarillentos como limones agrios. Con el hambre en los pómulos y la frente asomada al recuerdo del padre que murió en Cerro Muriano. Daban miedo y tristeza, pena y tristeza, escalofrío y tristeza las gentes de orden.

Todas las plazas de España llenas del 15-M. Una dictadura se diferencia de una democracia por la alegría. Sonaba entonces la pólvora. Ahora suenan a música las calles. Y suenan a exigencia, a compromiso, a caminos nuevos, a locuras de estrenar la luna nueva. Piden manos abiertas para sus manos abiertas. Me emocionó oírlos gritar a la policía: “Y si queréis, os damos un abrazo” Cascos antidisturbios. Azul marino más elegante que el gris. Pero dispuestas las botas altas. Intimidando. Lamentando alguno no estar de turno para destrozar la esperanza de tanta esperanza. Y ellos empeñados en la alegría, en el futuro, en la utopía. “Y si queréis, os damos un abrazo”

Hay mucha gente de orden. Las leyes están para cumplirlas, decía una periodista esta mañana en televisión. Están para cumplirlas en una dictadura. En democracia están para perfeccionarlas. La inmutabilidad es la postura de la muerte, el perfil amortajado para siempre. La calle es de todos, dicen. De todos, menos de los concentrados, por lo visto.

En Valencia toman posesión los diputados. Entre ellos varios imputados. ¿Qué actitud está más dentro de la ley, la que permite a los imputados sentarse y gozar de inmunidad o la de los manifestantes que están desnudos frente a una policía incontrolada? Cinco millones de parados, trescientos mil desahuciados de sus casa a favor de los bancos, uno de cada cuatro españoles al borde de la miseria, el miedo envolviendo a los que tienen un sueldo, congeladas las pensiones, incluso las más bajas, congelados los sueldos de funcionarios, con una reforma laboral en puertas que deja inermes a los trabajadores frente al empresariado, con una ley de dependencia que no se lleva adelante por falta de presupuesto, con una sanidad que suena a co-pago. ¿Seguimos? Y encima de todo, la gente de orden, exigiendo que se cumpla la ley.

El 15-M no debería tener necesidad de caminar ni un metro para sentarse delante del Congreso de los Diputados. Deberían ser los Diputados en bloque los que se acercaran, a cara descubierta, a escuchar las inquietudes de un movimiento apoyado por el 75% de los españoles. El poder reside a las afueras de las alfombras. La vida está en los adoquines, saltando de balcón en balcón como pájaros con geranios en el pico.

La gente de orden nunca podrá soñar con utopías.

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martes, 7 de junio de 2011